Hoy termine el libro “¿Con quién me casare?” escrito por Luis Palau. Lo leí porque en una reunión de familia este fin de semana, estábamos discutiendo su campaña evangelistica que vendrá al Paraguay en abril. De esa discusión también creció el tema de mis deseos de casarme que siempre está en mi mente, sí no en la frente de mi mente. Mi tío sugirió que lea este libro, y después todos bromearon que de ahí entonces me haría lista para el matrimonio.
Bueno, en todo caso, esta pregunta que suelo preguntarme a mí misma, es buena pregunta. Desafortunadamente el señor Palau se enfoca mucho más en los jóvenes. O sea, yo creo que él se refiere mucho a los problemas de los muchachos y muchachas quienes aproximan los veinte años de edad. ¿Y que mas puedo decir? Yo ya me siento mucho más vieja de los quienes aconseja. El da consejos como, “El cristiano esta unido para siempre” y “…la palabra amor es una de las palabras más pervertidas del vocabulario español. La gente piensa hoy en día que amor es sinónimo de sexo, y yo quiero afirma de una vez y por todas, que amor y sexo no son sinónimos…” y “…jamás pienses siquiera en casarte con un hombre, o una señorita, que no tiene a Cristo en su vida.”
Ya se todas estas cosas.
Me aburro de escucharlas mil y una veces más. Es regresar a mis días del colegio, y los sermones interminables sobre la pureza. No es que tengo nada contra la pureza… mi asunto es que nunca he tenido oportunidad para probar mi anhelo para la pureza sexual. Y esa falta me duele. ¿Por qué? me pregunto, ¿Qué no tengo/ que no hago para que los muchachos nunca me hagan caso?
Y otra vez me encuentro en un círculo de pensamientos incapaces y moribundos.
Para salir de esas huellas inútiles tengo que enfocarme en lo que puedo aprender de esta situación que me toca. Y así lo hice.
Pude cosechar unos pocos pensamientos buenos del libro. Quizás encontré unos mensajes cuyos el Señor Palau no quería trasmitir a su audiencia… pero a pesar de todo, encontré algo que me pueda ayudar.
En particular, hay un capitulo que tiene un título: ‘El amor sabe esperar.’ Bueno… ¿qué dice? En pagina 42 de este librito dice, “¿Estoy dispuesto a esperar cuanto tiempo sea necesario? Cuando una persona esta exageradamente apurada por casarse, es una señal de que algo no anda bien. El verdadero amor sabe esperar el momento adecuado.” Claro el señor Palau refiere a Gálatas capitulo 4 para decir si Dios espera al momento adecuado, también los jóvenes que se han ‘enamorado’ y no pueden esperar al momento de casamiento para tener relaciones físicos deben esperar. Ellos deben estar menos ansiosos para la unión sexual. Claro. Mensaje recibido. De mi parte…. esa espera no ha sido mi problema.
Pero el punto “espera” todavía me toca prestarle atención. Y la pregunta todavía permanece lo mismo, ¿Estoy dispuesta a esperar cuanto tiempo sea necesario? … Tengo que admitir que no estoy dispuesta a esperar para que mi marido aparezca. ¡Ya he querido casarme desde cumplir veinte años de edad!
En Cantares dice, “Que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera.” (Can. 1:7) En mi pecho hay el deseo de amar, y de ser amada… y es tan fuerte que muchas veces me ahoga. ¿He despertado mi amor más antes de que quiera?
Tengo que aplicarme esta lección de Palau- porque el mensaje de Gálatas 4 se puede aplicar a mi impaciencia también. De todos modos y en cualquiera situacion, mi Señor y Dios es fiel y paciente… y no tengo que temer que El se ha olvidado de mí.